Aprovecha los espacios de bienestar de nuestras estaciones para relajarte tras una jornada de esquí.

El termalismo es una tradición que se remonta a los romanos

A principios de siglo, treinta y siete fuentes termales fueron censadas. Hoy en día la mayoría están completamente olvidadas, sin embargo el agua continúa corriendo, imperturbable, como en los primeros siglos.

Es la garantía romana que cada una reivindica: en efecto, las virtudes de estas aguas tan utilizadas por los galo-romanos hicieron construir los primeros sistemas termales, muy sofisticados. Por cierto, los Pirineos están orgullosos de haber aliviado los reumatismos del emperador Tiberio.

Pero el hombre de la Edad Media apenas tuvo ocasión de preocuparse de su bienestar e hizo falta esperar al Renacimiento y más tarde al siglo XIX, para que esta medicación conociera sus mayores horas de gloria.

El Comminges, por su historia, clima y geografía es, actualmente, heredero del «turismo termal» y nuestro periplo, incluso si a veces pasa por una fuente abandonada o por un «hotel de las termas» con las contraventanas cerradas, sabrá también guiarte hacia las luces y los fastos dejados por estas aguas mágicas.

Dos lugares mayores del termalismo y del bienestar en Haute-Garonne: Salies-du-Salat y Luchon

Dos fuentes dieron a Salies-du-Salat su destino termal. Una, sulfurada, servía poco; la otra, salada, dio su nombre a la ciudad al borde del Salat, bautizado por los romanos Salinea.
Fue constatando que la fuente curó a dos enfermos en 1880, que se decidió la construcción de un edificio con dos bañeras, una chimenea y un baño. El uso regular de estas aguas, las más mineralizadas de Europa, empezó en 1853. Hoy en día la estación termal trata con éxito los trastornos de desarrollo de la infancia, la reumatología y los problemas ginecológicos.

El orgullo de Salies debe mucho a sus extensos paseos recubiertos por una majestuosa frondosidad muy apreciable en verano, así como a sus callejuelas bordeadas de casas con entramados.

El establecimiento termal es una magnífica creación de principios de siglo (1925); la fachada es impactante, las arquitecturas neo-egipcias ofrecen sus decorados de loza y sus columnas macizas.

Entonces Luchon se organiza, se equipa y se convierte en « la Reina de los Pirineos», supremacía celosamente conservada hasta hoy.

Las poblaciones del Luchonnais reconocieron muy pronto las virtudes de sus aguas termales. Fue bajo el reinado de Augusto que la ciudad de IIlixon fue creada; los galo-romanos prepararon a propósito numerosos altares a sus dioses que les devolvía la salud.

Fue el siglo XVIII el que vio el despertar del termalismo. Una carretera se realizó entre Montréjeau y Luchon, un primer establecimiento se incendió y fue en 1848 cuando Chambert construyó las termas actuales. Luchon se pone de moda y los «grandes» vinieron a bañarse (Hugo, Lamartine, Flaubert…).

En el siglo XIX, la villa está en el apogeo de su gloria con la llegada del ferrocarril. Agüistas y personas de vacaciones confluyen en el establecimiento termal, así como en el teatro, el casino, la sala de juegos…

¡Pero hablemos de estas aguas y de sus virtudes! Dos perforaciones a 130 y 160 metros de profundidad vierten por día más de 1000m3 de agua, de 65 a 73 grados. Estas aguas sulfuradas sódicas alivian las vías respiratorias (ORL), las enfermedades articulares (artrosis, reumatismos). Aprovechad igualmente las sesiones de puesta en forma (forma y bienestar) con el Vaporarium, un hammam o baño turco natural en la roca, único en Europa.